Nieve de azúcar

Él crecía y crecía, sus sueños parecían no entrarle en su corazón que trataba de seguir el paso pero iba lento, marcaba los signos del tiempo con retraso.

Uno, dos, tres. Empecemos por escribir un poco y estudiar otro poco después. Recorre historias sobre Europa y luego pasea sus dedos por Dusseldorf. Su padre lo mira con ojos celestes, helados ante la falta de rapidez.

“No te duermas en los laureles”- le grita.

Aún no cae en la cuenta de que él duerme en nubes hechas de caramelo y sábanas de algodón egipcio mientras lo arrulla un alemán que le cuenta (en su idioma natal) historias de lugares lejanos…

Se rompe el lápiz y vuelve a empezar. Se pone duro en la silla y sigue escribiendo, examina con ojos de un técnico cada reborde de los países por lo cuales podría algún día, con su canoa favorita, navegar.

Su madre se estanca con su memoria en platos con fotos antiguas. Pesca sueños con un dedo y tira migas de pan esperando que la sigan (no para que la ayuden), y continúa sentada en su sillón…

El espejo del comedor es gigantesco, algo pálido y tarda en mostrar el verdadero paisaje algo triste y algo alegre del hogar.

Navega, niño, navega y quizás puedas hallar un poco de paz.

Con la punta de sus zapatos marca el compás de una suave canción. La nieve en Rusia se puede ver desde la ventana de su habitación. Toca con sus dedos cansados y llenos de ilusión el Big Ben. Todo esta tan cerca, tan lejos. Tan claro y sin embargo, se deshace tan fácilmente… basta con solo parpadear.

Trae souvenirs de todas partes, trae regalos y persevera en su idea de que su papá sabe siempre que es lo mejor. Prefiere los ojos vendados, así sueña mejor.

El lápiz cae al suelo y hace un sonido tan simple como la respiración ante el error. Sabe que queda mucho por escribir aún.

No se puede parar. No se deben dejar las cosas por la mitad.

Y él se refriega los ojos, le pica tanta rigidez mental. Sus ojos quieren ver la nieve de Rusia, el Big Ben que está en el cajón… y su voz quiere practicar ese alemán que cada día pronuncia mejor. Sueña.

No se deben dejar las cosas por la mitad.

~ por Kumiko en Febrero 16, 2007.

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