Teclas negras.Gato blanco.

Trepan por la pared distintos imanes de heladera que juegan a ser ideas. Se tropiezan, se pisan y se vuelven a ordenar… ¿Estarán tan cansados como a veces parecemos estar?

Tiemblan las teclas del piano de mi bisabuela, el gato blanco que estaba arriba, junto al florero… juraría que hace tan solo un rato me miró.Fue un segundo.

Acaricio las teclas e intento recordar cada estrofa, cada nota de aquella canción que escribí. Era un día de sol pero adentro estaba oscuro y si mal no recuerdo, lo juro, se veía aproximarse a leguas un vendaval.

Marchan mis dedos por las teclas y repercute en toda la casona. Tito espía a través del espacio que dejan los libros de abogacía. No imagina quien puede atreverse a tocar aquel piano. La pared la forman tomos gruesos como la conciencia, pesados como la historias que guarda esta casa.

Es solo una historia.

Manejo mi voz con cierta cautela, arreglo mi cabello y una hebilla se rebela. Cae al piso y me tiro urgente a levantarla. Le ordeno con cierta preocupación que se quede exactamente donde estaba.

Decido ir a otra habitación y dejar al gato blanco en paz. Tonos verdes primaverales se ven reflejados en toda la habitación. Es tímidamente cerrada y cuesta respirar tanta antigüedad.

Una lámpara barata se avergüenza y muestra cierta humildad. Paso los dedos por libros viejos que parecen no haber sido tocados. Veo el retrato de ella. Veo entre tantas cosas verdes, escondido, un pequeño dinosaurio de plástico.

Prefiero al gato blanco de porcelana de la otra habitación. Los dinosaurios de plástico se derriten con el calor.

Camino por el pasillo y llego al rosal. Me pincho y no sangro. El perro del fondo aún no apareció…

Vuelvo al viejo piano de mi bisabuela.

Sigo,como siempre, practicando mi canción.

~ por Kumiko en Febrero 15, 2007.

2 comentarios to “Teclas negras.Gato blanco.”

  1. :)

    (me quedé corta de adjetivos hoy)

  2. ;)

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